Levar anclas
y convertirme en el pasaje de un barco que acaba de zarpar
o el guante de una pelea sin venganza
y mantener la templada mirada del que no quiere luchar.
No hay flor marchita
que cuente los días en un calendario incierto
o escupa oraciones vanas en vidas ajenas
mientras escucha un cuento de hadas
en el mundo de las mentiras.
Deshabito
el dolor que se queda a vivir sin permiso
y vigilo los posos de café en una taza descascarillada
excusa prescindible para librarme del decorado.

